|
Kodo Sawaki |
|
Kôdô Sawaki nació en una familia de siete hermanos, acomodada y feliz, cerca de Ise Shrine, el 16 de junio de 1880. Su nombre de nacimiento fue Tsaikichi. Cuando tenía cinco años, su madre murió y a la edad de ocho años perdió a su padre. Fue adoptado entonces por un amigo de su tío, Sawaki Bunchiki. Jugador profesional, éste último era un hombre débil y holgazán que no creía más que en "el tabaco y el sexo", y que había tenido once mujeres. La de aquel momento era una prostituta que sufría crisis de histeria. A los trece años Tsaikichi tuvo que trabajar para comer y en este turbio barrio, se convirtió en el encargado de supervisar los saldos de los jugadores. Tras presenciar la muerte de un hombre de avanzada edad en un burdel, tomó conciencia brutalmente de que no deseaba acabar su vida de una manera tan deshonrosa. Este incidente le llevó hacia la vía del budismo. En 1897, con Sawada Koho Oshô, en el templo de Kyûshû, recibió Tokudo, la ordenación, y se volvió monje con el nombre de Kôdô. Permaneció dos años junto a este maestro. Trajo un soplo de aire freso al Zen moribundo de aquella época, reintroduciendo la práctica universal de Zazen. Durante todo este periodo Taïsen Deshimaru lo siguió y Kôdô Sawaki le transmitió lo que en el Zen se considera la esencia del Budismo, que Deshimaru ha transmitido en Europa.
Comentario
Este haiku nos habla de las dualidades, de la luz y de las sombras. Nos muestra que la consciencia de las sombras ( la cólera, la codicia, la ignorancia, la envidia, la pereza, etc.) nos viene dada por la realización de nuestra verdadera naturaleza. Nos indica la importancia de darse cuenta y reconocer nuestras sombras, ya que algunas personas prefieren hacerse ilusiones sobre su propio despertar. Una parte importante de zazen es ver las propias sombras, darse cuenta de ellas y reconocerlas. Sin este reconocimiento constante de las sombras, no puede haber un transcenderlas. Como decimos en la practica del zen, un dejar pasar las ilusiones. Y sin la realización de nuestra verdadera naturaleza, no puede ocurrir un genuino darse cuenta Verdaderamente, cuando la consciencia aparece, permite vernos claramente sin engaño, y esta mirada sincera permite primeramente, el reconocimiento y después, el abandono de lo que nos ata a la avidez, a la mentira y a la locura.
|

|
Dojo Zen Ko Mei de Donostia-San Sebastián Iluminación Serena
|
|
La sombra de los pinos depende de la claridad de la luz de la luna |